Me resigno a perder a mis amigos, es verdad, ya no encajo con ellos, y mi refugio son mi mujer, mi perra y mi biblioteca, me resigno al crepitar de la amistad que volvía audible el tiempo. Invocando al pasado a la vez que muestra una fría distancia de él. El crepitar de la amistad marca hoy todo un régimen de materialidad que ha desaparecido, una materialidad táctil, perdida para nosotros. Ni hablar de la familia. Ni hablar de la familia, o lo que queda de ella.