Cuando era chico solía firmar el libro de la disciplina. Así le llamaban. Recuerdo que la portera era la madre de Tatiana, botoneándome con mi papá: hoy firmó el libro de la disciplina el boludo. Decían que a la tercera te echaban del colegio. Mercenarios. Los poetas y las poetas que salieron de ese colegio debieran hablar sobre eso. Deberían poner en la solapa de sus sofisticados libros de poemas: aquí estuve, aquí pasté. Pero no, lo único que hacen es poner sus direcciones de las redes sociales para que yo les ofrezca el perdón de los perdones. Y los visite en días así como hoy, días de luz y de esperanza, que digo, días de tiniebla y desasosiego.
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