Fueron cuatro cumpleaños. Pero nos vimos cuatro veces.
La primera vez que lo vi fue en ese restaurant indio. Nuestras novias se conocían, eran mejores amigas de la infancia. Recuerdo que la suya leyó un poema y cuando terminó él respondió: ay más chu. Pagamos a medias y nos fuimos abrazados a nuestras respectivas novias cada uno para su lado.
La segunda vez que lo vi fue en el cumpleaños de su novia, en uno de esos bares de merienda que se habían puesto de moda enfrente de donde yo cursaba en la universidad. Apenas cruzamos palabra. Lo poco que intenté decir sentí que no me escuchaba. Había otra chica rara que también iba.
La tercera vez que lo vi la vida le había dado un giro. Otra vez había sido en el cumpleaños de su novia. Nos encontramos a la salida del trabajo de esta, pero ellos ya no eran novios. En una situación de lo más rara, esperamos al nuevo novio de su novia en la estación de tren. Luego fuimos a la casa de esta, cenamos. Tomamos fernet, hizo algunos chistes que me molestaron. Comimos la torta. La amiga de mi novia se quedó con su nuevo novio. El resto nos volvimos todos juntos en Uber y lo único que él dijo que recuerdo fue: estoy contento por la petisa, se merecía una reunión así. La otra chica rara iba con nosotros.
Al siguiente cumpleaños él ya no vino, porque estaba el novio nuevo ya consolidado. Recuerdo que al nuevo muchacho le pasaba lo mismo que a mi, cuando me dijo: hace cinco años que no respiro. Al tiempo se separaron, en una tarde en la que fuimos y la amiga de mi novia se había cortado las cejas. La chica rara ese día también estaba. Es una amiga que la amiga de mi novia se había hecho desde la secundaria.
La cuarta vez que lo vi fue hace poco. Habíamos ido a otro nuevo cumpleaños de la mejor amiga de mi novia, el cuarto al que asisto de manera consecutiva. Y la amiga de mi novia había llevado a un nuevo chongo, como le decía mi novia. Un tipo que me hacía acordar a Ivan, de la peluquería.esos chicos así, medio afeminados. La chica rara llegó ultima y contó historias de boy scouts, que era a lo que se dedicaba. Y pasadas las cuatro de la tarde, cuando ya habíamos terminado el primer plato, llegó él. No lo podía creer. Pero ahí estaba, este hombre enamorado. Trajo dos vinos, saludó al padre, a la madrastra, reconoció a los gatos y estos a él, recordó viajes, pequeñas anécdotas domésticas. Cuando a mi novia le dio la gana y me dijo vamos y yo le dije vamos, se nos sumó. Caminamos por la calle oscura como si fueramos en medio de la tiniebla hacia la mismísima boca del loco. Una mujer aceleró el paso corriendo. Llegamos a la parada sanos y salvos y él nos dijo que los amigos ya le habían dicho: cómo vas a ir al cumpleaños de tu ex. Pero él nos dijo que les dijo que ese día ya lo tenía reservado para ella. Nos subimos al primer colectivo que pasó y lo dejamos atrás.