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viernes, 27 de marzo de 2026

Eyectado

 Me gusta cuando viene uno y se sabe de antemano que saldrá hecho mierda, es decir, que se la va a dar de frente contra la pared y se va a hacer bien mierda, recontramierda. Desgracias ajenas. Deshoras. 

Una vez dejé que mi hermanito se haga concha. Estábamos jugando en una plaza. Había llovido. La mayor parte del parque estaba inundado. No había mucho para jugar. Y a mí hermano se le dió por subirse al tobogán. Obviamente, no vio lo que yo si. En el final del viaje había un inmenso charco de agua. No se va a tirar, pensé. Se va a dar cuenta. Pero no. El loco se tiró a toda velocidad hacia abajo. Al llegar al final, fue como si el tobogán mismo -que estaba resbaloso- lo despidiera. Plash. 

Con su culo mojado volvimos a casa. No es que no lo defendí. Sino que le advertí que tuviera cuidado. Inconscientemente. El mundo es peligroso. Hoy mi hermano está más rata que todas las ratas juntas. Por lo tacaño. No te suelta un mango, te las reclama todas. Es decir, no da nada sin nada a cambio. No se volvió prestamista. Pero dejó de arriesgar. De saltar el tobogán. Sabiendo que nos podemos estrellar. Aprendió. 

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