Las noches pueden llevarnos a exagerar todo. Por eso la parsimonia de las mañanas. La búsqueda de la forma.
Nos levantamos temprano. Fuimos a desayunar. Té, tostadas con manteca y mermelada, medialunas -justo hoy, luna llena- y café con leche, Gustavito con los suyos pidieron doble desayuno. Nos dijeron que iban a ir al parque acuático y que no iban a tocar hasta el mes que viene. Aunque esto último en realidad fue un chiste, puesto que tocan la semana que viene. Ayer en La Lucila.
Donde nos contaron una historia interesante de Gñonos. Esos duendes irlandeses que si no les das lo que quieren te hacen desaparecer todo. Al parecer hubo una comunidad de ellos en el lugar. Dice que fueron Gustavito y su banda y pidieron el fin de la gloria eterna. No puede ser que la pegamos con un tema y somos famosos para toda la vida. Pensá en el nene este de Talleres, que dice re loco Aguante Taiereeeeeee. Pobre nene, va a ser el nene ese toda su vida.
Interesante tema el de repetirse, el de copiarse, el de repetir a otros, el de copiar a otros. Estaba pispiando esta mañana un librin de Byung Chul Han llamado Shanzai que habla sobre el tema de la falsificación como un arte. Un arte del que no hay que hacerse tanto problema. Mil veces he dicho que los mejores temas musicales son temas "copiados", como por ejemplo Amor francés de Los del Fuego, la banda de Sandro, Hung up de la Madona, Personal Jesus, de Marilyn Manson, este de David Bowie que viene de Los Beatles, ah si, Let´s Dance. Prófugos de Cerati, que tiene el estribillo de Rebel Rebel. Y cerremos ahí. Mecanismos de ilusión.
Calmados de la euforia de la eternidad, nos fuimos a la playa. Nos metimos al mar. Me considero un estupendo barrenador, que es cuando se agarra la ola y se viene hasta la orilla junto con ella como si vinieras volando. Hay que esperar que la misma caiga y en ese momento exacto, justo en ese momento que es un segundo, o dos, caer con ella encima.
A la vuelta volvimos a comer, donde fuimos a un lugar donde el tipo nos dijo: agarrá lo que más bronca tengas y dale a eso. Volvimos al hotel, perdón, al hostel, dormimos siesta. Nos levantamos, volvimos a irnos a la playa pero sin las cosas. Caminamos hasta buen tramo donde comienza la otra playa, Mar del Tuyú. Y nos volvimos.
Le dije a Papo que nos íbamos para El Jagüel, pero en realidad no fuimos al Jagüel. No sé que le voy a decir cuando lo vea.
Pensé en escribir en la computadora como un beatnik desesperado. Ahora que queríamos ver la pelicula Queer del tío Billy Burroughs. Oh Kurt Cobain, ilumínanos. Oh fantasmales Pixies, toquen una vez más. Donde está Tom Waits? Thomas Pynchon? En el café donde fuimos a la tarde me puse a buscar un blog que copio donde leí algo interesante del autor:
https://joseluisibanezsalas.blogspot.com/2017/10/leer-pynchon-no-es-cualquier-cosa.html
Precisamente un comentario, que dice: Creo que ahí está precisamente la clave para entrar en Pynchon: el humor. Una vez que renuncié a comprender todo y me abrí a su humor y al disfrute de su escritura (hay pocos escritores capaces de una narración tan poética, humorística e inteligente) entendí por qué tiene esa estatura colosal en la literatura estadounidense de los últimos 50 años.
Lo mismo va para el Ulises, para el Tristram Shandy, para el Quijote.
Caminamos unas cuadras más al salir y entramos en una galería. Compramos un montón de libros a precios fantásticos, entre ellos Al límite de Pynchon, cuyo primer capítulo leí mientras toda la gente se agolpaba para ver los caídos del Samba.
Cenamos algo rapidito y volvimos al hotel. Quedamos otra vez debiendo el agua, ahora 100 pesos.
Shirley hace que todo esto funcione y avance. Hacemos el amor en todas sus formas.