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lunes, 10 de febrero de 2025

Santa Teresa III

 Le pregunté a un diariero si había algún diario local. Todos fundidos con la pandemia, ya venían fundidos de antes igual. Busqué luego en internet y al parecer hay varios pero digitales. La moda de hoy. 

A propósito, hoy el mar estuvo muy picado. Tanto a la mañana como a la tarde. Las olas venían en diagonal. Era muy difícil barrenar, por no decir imposible. A la mañana era tal el viento que parecía que la arena buscaba traspasarnos. Almorzamos en un lugar bastante amistoso. La moza nos recomendó algo acorde a nosotros. Una señora comía sendas porciones de pizza al costado. Comimos y bebimos bien. 

En una Shirley me dice: viste lo que decía la viejita? -enarcando sus cejas de arriba a abajo- Qué viejita? -le respondo. La abejita. Un meme de una abeja que levantaba las cejas de forma graciosa. Nos reímos. 

Luego volvimos por el mar. Continué leyendo Al límite. Como pude. Empecé a hacer síntoma de nuevo con la alergia. 

Volvimos al hotel. Papo me dijo: qué haces que no estás en el mar. 

Ya en el mar, esta vez sin cosas, solo las chancletas y mis anteojos, nos dedicamos a estar en una parte que parecía una pequeña pileta. Se podía estar tranquilos sin ser interrumpidos ni molestados por unas olas malditas. Aburrido de eso, me animé a ir un poco a donde estaban estas. Me dieron miedo y me volví. Había una crecida. Los que nos guardaron las cosas estaban unos metros más en la arena. 

A la tarde nos acicalamos. Yo tomé dos loratadina. Nos tomamos un helado, luego fuimos hasta el cinema. A ver si había alguna peliculita linda. Pero la que había era muy tarde. Una chica misteriosa. Una chica ideal. Una mujer que todo hombre quisiera tener. Una mujer perfecta. Las luces de neón mostraban una chica con los ojos en blanco. Y la peli era producida por la Warner. No me acuerdo el nombre exacto de la película. Algún día. 

Preguntamos precios en distintas rotiserías, a ver si era más barato, pero ante la negativa de estas a dejarnos comer en el lugar. Habiendo tantas mesas, nos fuimos. Encontramos un lugar donde nos hicieron pagar antes por seguridad. La chica nos contó que una vez le habían dormido setenta mil pesos unos comensales. Cenados y piñones, caminamos. Entramos en nuestra querida galería. La vieja que comía pizza al lado de nosotros pasó entre la ropa. Compré de nuevo librines en lo del señor, esta vez uno de Soriano, viejo amigo. Y un montón de revistas cuya leyenda era: ANTES DE LOS WATCHMEN. Pienso en los libros de Badiou. En los libros de Saborido. Saer. Por qué Saer? 

Ya tarde en la noche, mientras me dispongo a preparar esta pequeña bitácora, Shirley me comenta el caso en Mar del Tuyú de una ofrenda con restos humanos cerca de no sé dónde. Un viento fuerte comenzó a levantarse. Dicen que mañana refresca. La temperatura baja ocho grados  

Bueno. Como le dijo Roger a Rick en Arma Mortal 4 antes de la pelea contra Jet Li: Habrá que averiguarlo. 

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