No paré de recordar cosas de mi pasado. No me acuerdo si mi papá ayudaba a mi mamá a preparar la ropa. No recuerdo en qué andaba mi hermano, hoy preocupado porque se había peleado con su chica, me cortó el pelo y me regaló una remera para mi cumpleaños que se acerca. Estuve como absorto, gracias Shirley.
Salimos al mediodía del sábado. Me desesperé cuando no encontré los libros de mis amigos. Me gusta sacarme una foto con el mar y sus libros para decirles a mis amigos que somos poco en este mar de literatura.
Nos llevó un tipo que nos recomendó mi madre. La otra vez nos llevó un tipo medio pasado de rosca. Es gente que tiene una camioneta y la usa para trabajar. Según Shirley le quiso tirar los perros a mi madre. Paramos dos veces en dos estaciones de servicio y en la segunda compramos unas papitas y un jugo.
Pensé un montón de cosas para escribirlas pero no me acuerdo de nada, o peor, cuando me pongo a escribirlas me las olvido completamente. Como que las escribo con la mente y ya.
El viaje se hizo corto porque hablamos y no paramos. El tipo había viajado a Ushuaia, a Bariloche un viaje relámpago con su padre, estaba peleado a muerte con la madre. También había viajado a Francia, que no nos la recomendó y a Egipto, que si. Resaltó la historia de un pasajero mejicano que trabajaba en estados unidos, Fénix, Arizona y se había enamorado de una chica de Santa Teresita.
Reservamos en un hostal, bastante cómodo y hogareño. Como es la primera noche no sabemos si mañana nos faltará algo, pero es casi seguro que no. El muchacho que nos atendió se parece a Papo el rapero, tal vez sea el hermano. Nos recomendó ir al Jagüel. Lugar que ya habíamos ido la anterior vez para el día de los enamorados y casi nos arrancan la cabeza con los precios. Nos dijo que le pagáramos luego de ir a la playa. Fuimos a la playa, después a la peatonal, que todavía no era peatonal. Caminamos por el mar. Nos refrescamos. Nos tomamos un helado.
Volvimos, pagamos. Entramos a la pieza, la número 15 e hicimos el amor. Pero luego de pagar hubo una sorpresa. De la nada apareció un tipo que dijo ser Gustavito.
Salimos a la peatonal, comimos una hamburguesa, unas papas, unas gaseosas, nos tomamos un helado. Refrescó pero cuando volvimos a la habitación hacía calor. Así que Shirley me mandó a pedir agua fría y fui a pedirla en el momento en el cual estaba escribiendo esto. Nos dio el agua un señor pero no nos la cobró porque no tenía cambio.
Pero nos pasó lo más raro que creo que capaz nos pase en estas vacaciones. Gustavito dijo ser el cantante de una banda llamada Los tulipanes. Cosa que yo no había usado al momento de la copulación postplaya. Cosa que siempre me da miedo.
En fin, fuimos con Gustavito y su banda en una combi blanca a un lugar llamado La Lucila. Feria americana, padre con sus hijos tirando a pichón, kermes. Hasta que de un escenario improvisado Gustavito apareció con su banda y cantó una canción que yo no sabía que sabía:
TOMATE UN VINO Y OLVIDATE.
El resto es historia.
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