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viernes, 14 de febrero de 2025

Santa Teresa VII

 A la tarde me agarró como una tristeza porque estamos tan cerca de volver. Y alegría a la vez por ver de nuevo a Mandarina, nuestra perrita. 

Shirley me contó que hubo ofrendas humanas en la estatua de Yemayá, la diosa del mar.

En fin, a la mañana desayunamos, Shirley llamándome la atención  por hacer chistes a los vecinos resacosos de anoche. Ayer había querido preguntarle a Papo por el hotel Apolo. Su respuesta fue: Lugubre. 

Salimos a caminar para Mar del Tuyú. La verdad que nos encanta. Tuc de Lawrence Durell, Antimemoria de Malraux traducido por Pezzoni (creo que este es el que no había nombrado, o el primero que había comprado, o ninguno de los dos, puesto que el libro que creo que me falta es el diccionario coreano que lo devolví porque no iba a entender ni jota), el libro este que es un clásico en Inglaterra de Tom Jones, el Felding, en Inglés, ideal para traducirlo y ser el capón de ese libro. Los dos compilados de los italianos. Uno que me llamó la atención llamado Las flores del bien. Y otro que decia: Aprenda a hablar portugués en diez día. Ninguno de estos trajimos. Por el peso creo o por la lluvia que parecía venirse. La otra librería del librin de Woody había cerrado. Y descubrimos otra más adelante. Pero estaba cerrada también. 

Paramos en el parador de la playa. Una vista impresionante. Día de los enamorados. Todo pipí cucú. Comilona. Cafecito. A la vuelta a caminar y a fotografiarnos. No paramos de hacerlo la verdad. Nos encanta. Bueno, Shirley hizo el curso, esa sabe de luz, de enfoque. A veces le saco buenas fotografías. Pero es por mi alma de cineasta. Volvimos por la playa. Directo al hotel. Amor. Siesta. Una película. Y salir de nuevo. 

Fuimos al ruki rikon. Muy acogedor. Lo que parecía de afuera. Un lugar secreto. Le pregunté a la chica: es nuevo, no? Si, esta temporada. 

Chirota se compró una Maya. O malla. Me quedé con ganas del libro de Sabo y el de Saer. No sé por qué pienso que me los voy a comprar. Están carísimos. Tampoco fui del señor. Le tenía ganas a uno de Petros Markaris. O volver al puestito de diarios de Nervus para comprar la gran cantidad de librines que había de Hening Mankell. Que maestro. Volvimos al hotel y Papo se iba en una motito con su mujer y su hijita. 

Primera impresión de Shirley al leer a Pynchon: me recuerda a Chase. 

Ahí está, Raymond Chandler. Ese era el librito que me faltaba nombrar, creo. Traducido por Aira. 

Por ver una película. Mañana vamos a las termas si dios quiere. Que vacaciones!

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