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jueves, 29 de mayo de 2025

El leñador ricardo fort

 Siempre pensé que mi tío Richard era una especie de superhéroe leñador, que se dedicaba a ir por los bosques talando y tallando la madera. Como hace Rocky en la pelea contra el Ruso Ivan Drago.

Su barba lo hacía parecer un intelectual, un guerrillero, alguien duro, pero también era agradable de tocar, como si besaras un perrito pomponsito. 

Su nombre incluso había cobrado una especie de reconocimiento cuando apareció en los medios el famoso comandante. Mi abuela le dijo un dia: Ricar, en vez de Ricardo. A mi me encanta su nombre porque me recuerda al economista David Ricardo. La delicadeza de esa ciencia. Pero mi tío es un tipo duro, rústico. Barroco. Romántico.  

Sin embargo una noche presencié algo que jamás conté. Salí de la reunión familiar porque había sentido, al parecer yo solo, el ruido de su coche estacionarse. Me acerqué lentamente. Y ahí estaba. Con su vista al frente, mirando el horizonte. Mi tío era una persona de carne y hueso. No el superhéroe que todos creíamos. Me miró, me reconoció. Y me dijo que no estaba pudiendo con todo. Carajo, pensé. Este tipo es durísimo. Y dice esto. Que nos queda a los demás. 

Le acaricié la espalda, le dije cuanto lo queria y cuando se sosegó, arrancó el coche y siguió. 

Entré a la casa y no dije nada de que había andado él tío Richard. 

Estoy escuchando una canción y ahora recuerdo que una vez, mientras esperábamos que saliera el búho o la abuela de la clínica entré a su auto y ahi estaba escuchando música romántica. Ah, las viejas radios. 

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