De pronto un texto de mi amigo D me recordó a Matias. El chico que quería ser paleontólogo. Quería estudiar a los dinosaurios. Y siempre andaba con algún librito ilustrado sobre el tema. Recordé su convencimiento como pocas veces vi en un niño de esa edad. Hace poco lo vi en el tren y ya tenía un hijo, mujer. Trabajaba en un estudio jurídico y estaba terminando sus estudios de abogacía. Hablamos dos o tres cosas más, le pregunté por fede Kell, nos saludamos y nos dijimos hasta luego, que te vaya bien.
No quiero hablar de lo que hizo Matias con su fanking vida. Sino de lo que hizo con la mía. Años atrás. Yo andaba enamorado y había tenido un desamor fuerte, fuertisimo. Habia encontrado refugio en los libros. Casi me vuelvo loco. Agarré mi bicicleta. E iba camino a la feria del libro de mi ciudad. Cuando lo vi. Iba a su clase de artes marciales. Me acuerdo que suspendió su clase y me invitó a su casa. Recordé que el había sido el primer chico contemporáneo cuyos padres se habían separado. Parecía sobrellevarlo bien. Su papá trabajaba en visión sur, una canal de televisión. Su madre no recuerdo que hacía. Le conté mi tema. Mi desamor. Esto amerita cervezas, pero solo tengo para ofrecerte mate, me dijo Matias. Que bueno tener amigos, pensé. Me contó que se había puesto de novio y que había conseguido laburo en un estudio jurídico porque estaba estudiando abogacía.
En un momento sentí que tenia que preguntarle, lo que todos presentiamos que iba a ser, como testigos principales de su existencia. No quería tocar el tema de la paleontología, pero lo toqué. El me miró como si me dijera algo más. Algo que no había perdido y parecía que si. La cara de la derrota. Permanecimos en silencio. Por los caídos. Sentimos un ruido. Había una gata vieja que deambulaba la casa que estaba medio en las últimas. Justo en ese momento chocó contra la ventana. Matias se levantó para ayudarla. La guió hasta donde la gata tenía los tazones de la comida y el bebedero con el agua. La gata comió y bebió. Estuvimos un rato más conversando cualquier cosa. Y había una música ambiente muy buena, que me llamó la atención. Como se llama esta banda, le pregunté a Matias. Imagine dragons, me dijo.
Como si con esa frase hubiera respondido mi pregunta, le agradecí la hospitalidad, nos despedimos con un abrazo, agarré mi bicicleta y me fui. No nos dijimos adiós.
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