Recuerdo que a la casa de Manu fuimos una sola vez con Soto y el Paragua. Recuerdo que Manu tenía caballos, mesa de ping pong, cuatriciclos y un ring de boxeo. Claro, su hermano era el tal Santi. Recuerdo que en chiste nos pusimos a boxear con el Paragua. Nos dimos duro. Pero en una vinieron los perros a chumbarnos fuerte y paramos. Los perros no querían que peleáramos.
Especie de pseudodélicoinfantoblog dedicado a la memoria de ideas que hayamos sido en un pasado, pues aquí, todo lo contado, o ya ha pasado, o bien se ha inventado, y eso por es que, debe ser, inmediatamente después de leído/escrito, olvidado...
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jueves, 24 de abril de 2025
Los hermanos box
Hubo un tiempo en el cual creí que lo mío era ser boxeador. Era leyenda en lo del viejo Andrich la pelea del cabezal donde un tal Santi le había volado el suyo al que era el profesor del vatteone, un tal Rodrigo, un fanfarrón de aquellos. Yo no sabía que el tal Santi era el hermano de Manolo, mi buen amigo de la primaria, mi amigo del campo. Recuerdo que cuando nos saludábamos con manu nos decíamos: saludo del campo. Habían crecido con esa leyenda del hermano mayor quienes me la contaron, mientras estrenábamos los martes y viernes en lo de don Dionisios Andrich, Dario y Titi. A Titi lo cruzo seguido por la estación, Titi trabaja de noche, tiene tres niños, una vez me tiró la data en su trabajo pero no pude ir, siempre hay buena onda, también con Dario, a quien hace bañarse que no veo, creo que la última vez fue que trajo una pizza a lo de papá. Bueno, una vez se complotaron para fajar a uno que me la había dado. El pibe era un petiso morocho que había sacado la credencial para boxear profesionalmente, la licencia. Entrenaba conmigo en lo de Ernesto y se la pasaba haciendo abdominales. En la ronda de guanteo me tocó primero a mi contra el. La pelea fue buena hasta que me metió un cross a la sien derecha y quedé medio turulato, casi al borde del tambaleo. Ahí cambié y le tocó a Titi y luego a Dario, quien le dio el golpe seco en la boca del estómago, dejando sin aire al boxeador. Aprecié la venganza pero mi instinto animal me hizo ir por más, en mi casa, guanteando con mi hermano. El se aprovechaba de que era chico y podía pegarnos sin control, así que en un descuido le hice lo mismo que me había hecho el boxeador. El más fuerte contra el más débil. Me arrepentí en el acto. A partir de ese momento dejé el boxeo. Le pedí las disculpas correspondientes a mi hermano.
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