Seguidores de Cutruli

viernes, 25 de abril de 2025

Quejicas

Mi novia me dice: deja de quejarte, quejica. Mi madre solía decirme: solo por hoy, no te quejes. Mi hermano compuso una canción cuya letra decia: espero que te calmes, te calmes. Hubo un caso de un vecino que se drogaba y era otro. Salía por el barrio a hacerle cosas a la gente del barrio. Un día cruzó el límite cuando apuñaló al verdulero. Entonces no vino solo la patrulla, sino el comando, los atraparon. Conversando con mi yeya novela, té y galletitas de por medio, me dijo: sabes que le hubiera dicho yo a ese chico? Le hubiera dicho, cálmate, cálmate calmate, calmate. 

El tren se demora más de lo habitual. La gente empieza a conversar sobre lo sucedido. La gente conversa quejándose. Se enerva. Yo me quejo por dentro. E enojo. Me enervo. Me enfurezco. Después estallo. Implosiono. De repente hay algo que nos une y nos damos cuenta. No es este el germen de toda revolución? Me pregunto cuál lectura podrá ayudarme. Veo a alguien leyendo La insoportable levedad del ser, de Kundera. Atrás quedan los egos individuales, los mil diplomas, los malisiosos estados que propugnan las redes allá en la casa, cuando la gente está lo más pancha posible anhelando vidas que les vende vaya a saber quién, vidas que jamás en la reputa vida van a tener. El tren se frena sin motivo alguno, la gente empieza a hablar entre sí, otros vociferan: no puede ser, Dios. Así, con mayúsculas, porque él tiene la culpa de todo esto. El nos puso acá, en este momento, con esta gente y no en otro lado, en otra circunstancia. El tren arranca. Vuelve a parar. Ahora en una zona de arboledas y monte, también podría aventurarse algún pantano. La gente se vuelve a quejar. Dejamos atrás las cosas que podemos volver a dejar ir. Otra estación. El tren vuelve a arrancar. Se vuelve a detener. La gente de vuelve a quejar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario