Llegué todas las mañanas a tiempo, saludé a todo el mundo. Hay que hacer buena letra. A veces intenté llegar temprano para saludar menos gente. Salir más tarde para lo mismo. Me traje el diario. Shirley me destrozó uno, muy bien hecho. Porque los otros ni los leí. Tendríamos que ponerle que la perra para que haga sus necesidades ahí, ahora que hace dos días que nos mea la cama a pesar de que la sacamos tres, cuatro, cinco veces por día. Ni bien toca el pito del horario de salida todo el mundo raja. No hay horas extras. Salvo para los gerentes, quienes parecen competir por quien pasa más tiempo acobachado. Todas las mañanas les llevan los veinte diarios para que lean. Me los imagino acumulando y acumulando en sus casas. Y sus mujeres cagándolos a pedos por ello. A veces suelen pararse para ir a la pecera de otros y son como colegiales en un secundario. Los empleados se dan cuenta. Trato de saludarlos a todos. De pasar lo más desapercibido posible. Hago que trabajo todo el tiempo, como todo el mundo. Le pregunto a veces, está gente tiene el poder, sin embargo. Pero qué poder si el que lo tiene es el rengo? Pero quien es el rengo? Hay una señora que los tiene agarrados a todos de los huevos, porque sabe hacer algo que no sabe nadie, pero es tan empleada que es de esas que se quema y queja, pero hace, como cada uno de nosotros. Suele decir: bueno, me voy a la cucha. Y el chico que pensé que me iba a comer con papas le avisa siempre que está cerca de su hora, y resultó ser muy parecido a mi primo Antonio. Alguien que saluda a todo el mundo por su nombre, hace su trabajo con algo de flaca y se va. Tuve algunos llamados de ex trabajos. Uno de amenaza y otro de extrañada. Otro de propuesta. A ninguno di mucha importancia. Creo que solamente los últimos dos pueden ser los únicos dos llamados válidos, lógicamente hablando, que te pueden suceder. Ambos son correctos. Ambos dicen las dos caras de la misma moneda. Ambos podrían recontratarte, contratarte. Ser gris, opaco, pareciera ser la clave en este nuevo antro. De no ser porque al final de la semana el hombre se acercó a una que ni lo saluda para decirle: che que le podemos dar a este? Señalandome a mi. Y la señora le dijo: si, pero que me quieren dar usted a mi. Cuidando su quintita, su culito. Mucho de eso, cuidar la parcelita. Sin embargo, comí con la prole todos los días. Parecen gente buena, todas lo son en el trabajo.
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