Me encanta saber que se reúne gente que se conoce hace añares. Compañeros de colegio, hermanas franciscanas, trabajadores jubilados, jubiladas, me encanta saber también que se reúnen los pequeños que acaban de salir de la secundaria. Algunos con un prominente crecimiento de su panza, al contrario del de su cabello, donde se les empieza a ver una frente amplia como metáfora de toda la información que están recibiendo que hizo que en realidad su frente creciera de tamaño porque ya no les está entrando el cerebro.
Todos los días saludo efusivamente al Buba, al que no le digo así sino Javi, tal es su nombre. Buba era uno de los mejores amigos del barrio de mi primo Rabanito. Le decían así por el personaje de Forest. Buba trabaja de Ferroviario. No sé cómo habrá hecho para entrar. Tal vez por su padre. Me acuerdo cuando jugaban a la pelota en la calle. Los dos árboles del Lobo, que un día mandó a pasear a toda su familia para instalar otra más joven, hacían de arcos. Eran dos árboles gruesos que cuando la pelota pegaba sonaban fuerte. Un día estábamos pateando como locos y no le podíamos hacer un gol a Rabanito. Creo que le estábamos pateando Buba y yo. Y Rabanito nos tapaba todo. En una llega uno desconocido que lo agarra distraído y patea y le hace el gol. Resultó ser un tal Topo e inmediatamente comencé a verlo con el grupo de amigos, como que a partir de ahí se hicieron amigos. El topo me dijo en el casamiento de la hermana de Rabanito. El día que le robé el vino al ladrón de Roberto, el veterinario. Estabamos haciendo la fila para que nos sirvan alguna comida. Dice que Fito y Calamaro hablaron mucho sobre la canción no se puede vivir del amor, me dijo de repente el topo, para crear conversación. Y Fito le dijo: tenéis que sacarla que va a ser un éxito. Y así fue. El Topo andaba noviando con la Gaby hasta que un día desapareció. Fue como su gran amor.
Llego al tren, saludo a Javi. Le dije que lo vi a Rabanito en el colectivo, profesión que heredó de mi tío el Búho. Javi no me presta mucha atención, está mirando una noticia de la terrible exigencia que tienen los motorman japoneses para llegar a horario en los tren bala. Me cuenta que uno aceleró porque no llegaba y entonces se pasó de rosca. Resultado: más de cien personas muertas y más de quinientas heridas. Que horrible noticia con la que te desayunás, le digo. Los gajes del oficio, me dice.
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