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domingo, 13 de abril de 2025

Wilbur Smith

 Este es un autor que me encanta. Lo empecé a leer en la época en la que era el arquero de la real sociedad de ficio Varela. Vivía en mi querida villa y por las tardes, luego de los estrenos, me iba a la biblioteca, a la librería Viceversa, a buscar aventuras literarias. Vaya si las encontré. No quiero alargarla. 

La historia se llama Algo así como el periodismo contra la política en la época de la edad media, donde todo el mundo sabe, amén de Sallenave y Castello Dubrá, nada pasó. El periodista y el político debaten el tema hasta altas horas de la noche, así arranca la novela, hasta que cada vez se acercan más entre sí y en un momento se dan un piquito. Al otro día todo el mundo estalla en comentarios, repercusiones, toda la bola. Y la historia se puntúa, se centra en un jovencito lector aspirante a bibliotecario que acompaña a su tío a buscar un repuesto a la capital de esa ciudad. Que bien podría ser Roma, Atenas o Constantinopla. Llegan al lugar y el tipo sale, les da el repuesto. Entonces ellos, que viven en una especie de pueblo parecido al mío, llegan, encajan el repuesto, prueban el coche y este no anda. Vuelven a ir, el tipo les dice que no tiene arreglo. Al final me compré un problema dice el tío sobre el final de la película. Entonces el joven protagonista bibliófilo estudia en la universidad frente a la compu como una fiera. Se quema las pestañas buscando la solución al coche de su tío. Cuando cree que lo consiguió y está listo para probarlo, le va a decir a su tío pero este cae internado. Y muere. Los hijos venden el auto. Fin. 

Novelas como esta a veces no renuevan nuestra fe. A veces no son garantía de felicidad. A veces si. Ha sido dicho, caso cerrado. 

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