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viernes, 18 de abril de 2025

El látigo con sangre entra

 Hoy viernes santo saqué a hacer pis a Mandi y me lo crucé al viejo Hugo. Hugo es un señor con quien hablo de quiniela. Venía con su señora, a la que saludé respetuosamente y enseguida empezamos a hablar de sus muchachos: Edu e Iván. La señora siguió de largo. A Iván lo veo seguido en el tren pero no lo saludo, sé que estudió la misma carrera que yo, siendo más joven se recibió primero, trabaja en puerto madero y Edu estudió traductorado y no entendí bien en que andaba ni tampoco tanto me importa. Ambos siguen viviendo en la casa en la que nacieron, como yo. Ambos tienen trabajo, buen pasar. Y aquí se abre el portal a la breve historia que quiero contar. De chico jugábamos al fútbol en la calle, que aun era de tierra. Y tanto Edu como Iván jugaban con nosotros, y con mi hermano. Me acuerdo que un vecino no recomendable me dijo: así que ahora estás en el equipo de las Barbis? Había otros chicos en tal equipo. Un chico que se llamaba Jere, cuya familia se fue a Córdoba luego del suicidio del cholo, su abuelo, que dijo un día que Yiyo estaba con sus herramientas y una se le cayó a un pozo: lo material se recupera, o no. Jere quería ser astronauta. Jair, un chico que según mi mamá tenía nombre judío, cuyo padre era taxista y cuya madre y hermana eran muy pegadas, aunque esto quizás lo esté inventando. Bruno, que le tenía miedo al uniforme de nuestro papá, que vivía con su hermana, una chica rubia muy bonita que se fue del barrio ni bien creció, su padre que era un hombre gordito de aspecto serio con bigotes, y su madre que de un día para el otro apareció en silla de ruedas y después murió. Y alguno otro más que me estoy olvidando. Mi hermano debe recordarlos mejor. 

En fin, decía, el método del padre de Edu e Ivan, para que los chicos entraran después de jugar, al horario que él disponía, era infalible y letal: salía con un látigo blanco en la mano, un látigo con una cola peluda en la punta. Y los chicos inmediatamente sabían lo que tenían que hacer. Nos dejaban a nosotros, quienes presentíamos lo peor. En este barrio crecimos. Como si fuéramos personas que vivían en el lejano oeste. O en la Habana vieja. O en el Méjico precolombino. Como si fuéramos personajes de Juan Rulfo. Me gustaría saber que fue del látigo ese. Algún día lo voy a averigüar. 

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