Estábamos afuera de la María Mater, eterna clínica de vuestra ciudad, esperando vaya a saber qué noticia de algún familiar que había caído en una que siempre parecía jodida. Me arrepiento un poco de no haber ido cuando lo de la abuela. No sé cuanto estuvo ahí ni cuantas fueron las velas que había afuera por ella. Estoy seguro que fueron muchas, y bien merecidas. Por el acompañamiento que seguí a través de mi padre y mi tía que me contaban. Como si un fan hubiera estado atento de igual forma al estado de salud de Sandro, o del papa, o de Leopoldo María Panero. Yo era fan de mi abuela.
Su forma de estar adentro de su casa, tan parsimoniosa. Tan puertas adentro. Entraban las vecinas. Venía el huevero, que había seguido el oficio de sus padres, no como los de Mora, a los que la abuela aludía, que habían abandonado la estación de servicio. Repetición. Me parecía magistral la manera en que mi abuela lavaba los platos, sin desperdiciar agua, con paciencia. Usando el detergente que ya tenía en un recipiente verde, en el cual mojaba la esponja. Dejaba correr apenas la canilla, mojaba el traste, cerraba la canilla, y le daba. Y así con todo. Utensilios y vasos. El jardín, cuantas veces agarró la bolsa para ayudarme a juntar el pasto que yo cortaba con la mano, o el ficus que cortaba con la tijera que le había dado mi mamá. Ese me lo dio tu mamá, me decía. A veces yo entraba e iba loco hacia atrás de la casa a trabajar el jardín, sin que ella me lo pidiera. Al rato sabía que me iba a buscar y me iba a encontrar ahí. Sos loco, me decía. Mientras traía la bolsa para que juntáramos todo. Volvía a su silla después de todo eso y decía: me cansé. Yo era chico, no tenía mucho que hacer, faltaba al gimnasio y me quedaba hasta tarde, digo doce, una de la noche, porque los tíos bukowskianos se quedaban dándole al alpiste, y ahí estaba yo acompañando a la abuela con pavas y pavas de mate tras mate. Ella me los daba riéndose, no sé si de las veces que me levantaba para ir al baño, como diciéndome, para que tengas y guardes. Como extraño esos mates. Siempre que hablo de una abuela tengo presente los celos de la otra y me digo, que estará haciendo, ahora que estos días extraños perfilados la tengo un poco abandonada. Esas llamadas por la noche se dejan ver, no deberíamos caer en la tentación de hacerlas, pero las hacemos, son importantes, importantísimas. En las llamadas telefónicas se juegan nuestras carreras de escritores. Quien no sepa esto, perdido entre las modas del guasap, el feis, el intangram, el tic toc, está perdido.
Pindapoy, pindapoy, a la escuela contento hoy voy.
Tengo que confesar que una noche fui a intentar ver a la abuela, pero no había nadie. Todos se habían ido a sus casas vaya a saber si a dormir, o a esperar, porque la clínica no permitía horarios de visita nocturnos. No fue que me iba a ir también, que un chistido escuché de un auto. Era mi tío. Me metí al coche de mi tío. Hacía frío. Escuchaba este tema en una radio perdida, siempre me llamó la atención quién pone esos temas en esas radios, imagino que ahora lo harán con un reproductor donde tienen las horas contadas, inclusive las de propaganda. Se van a dormir y vuelven todos al otro día, supongo. ¿Pero y si se cortara la luz? El tema que escuchamos con mi tío lo copio y me despido, que cada noche tenga cada quien una estrella que le haga compañía:
No puede haber
¿Dónde la encontraría?
Otra mujer igual que tú
No puede haber, desgracia semejante
Desgracias semejantes, otra mujer
Otra mujer, desgracia semejante
Igual que tú
Con iguales emociones
Con las expresiones que
En otra sonrisa no vería yo
Con esa mirada atenta a mi indiferencia
Cuando me salía de la situación
Con la misma fantasía
La capacidad de aguantar
El ritmo despiadado, no, de mi mal humor, nerah-ohuo
Otra no puede haber
Si no existe, me la inventaré
Parece claro que
Aún estoy envenenado de ti
Es la cosa más evidente
Y me faltan cada noche
Todas tus manías aunque
Más enormes eran sin las mías
Y me faltan tus miradas
Por que sé que están allí
Donde yo las puse, apasionadas
Justo sobre ti, nerah-ohuo (vaya a saber qué significará esto o si han traducido cualquier cosa)
Parece claro
Otra no puede haber
Si no existe, me la inventaré
Parece claro que
Aún estoy envenenado de ti
Es la cosa más preocupante
Evidentemente preocupante
No, otra mujer, no creo.
Te amo Shirley Narcisa.